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jueves, 6 de febrero de 2014

Back to the Future


(Disclaimer: I finally decided to write this post in Spanish but I'll try English and French later).

Regresé a Lima el año pasado, después de Navidad. Ha pasado más de un mes de retorno a la vida limeña y he sentido que es momento de retomar este blog tan abandonado. Después de analizarme como viajero, definitivamente creo que soy de aquellos a quienes les gusta moverse de un lugar a otro con pocos trazos públicos. Una foto de la ciudad donde me toque estar, subirla a Internet con un pequeño comentario y ya está. Amo disfrutar las ciudades al máximo, grabar cada imagen en mi memoria antes que en la de mi celular. Descubrí que lo desconocido se disfruta mejor sin gente conocida como compañía. Esa es, pues, la principal razón de esta breve separación entre blogger y blog: un largo romance turista estaba de por medio.

Es cada imagen, sonido y sabor que ahora tengo en mi memoria la que me motiva a sentarme a escribir sobre las experiencias vividas en Europa. Aportaré alguna que otra foto tomada por mi Galaxy Nexus para ilustrar un poco lo que se contará en estos posts. Ver para creer, dicen. 

Diarios de Ryanair

— Veo que te estás integrando bastante.
— Se hace lo que se puede. Finalmente, estoy en Europa.
— ¿Qué tal el francés?
— Afinando, equivocándome y corrigiendo. No es lo mismo que en la Alianza Francesa.
— Tú siempre paras viajando.
— Posiblemente me quede poco tiempo. Uno nunca sabe.

Todavía recuerdo el primer día de mi llegada al aeropuerto Charles de Gaulle, y siento como si fuera ayer. Debo decir que luego me enamoré de Aix-en-Provence (¿o ya lo dije antes?) pues cada detalle de la ciudad me cautivó. Arquitectura, orden, cercanía a la playa y la naturaleza, y buen ambiente nocturno, serían lo más rescatable sería los elementos rescatables. El permanente contacto con personas de diversas nacionalidades fue otro punto muy valioso para mí. Los becarios Erasmus, no pocos franceses buena onda y el peruvian crew son el menú indicado para esa aspiración de "hogar fuera tu hogar".

No faltarían los muy necesarios viajes alrededor del espacio Schengen que hacen que valga la pena vivir al otro lado del charco. Ya sea tomando vuelos low cost, reservando un asiento de covoiturage o  montándose en un TGV, siempre había una ciudad a la cual visitar. Una mención más que honrosa para los mochileros que siempre me ofrecieron sus casas para dormir, acompañarme a conocer las calles o, en sentido inverso, visitarme para cumplir la ley de reciprocidad.

Meses después, finalizados mis estudios, iría a vivir a París. La altiva y glamorosa ciudad me recibió entre sus calles de nuevo. Con inicios duros, pude domarla y jugar con ella. La vida también me puso buenos compañeros: mis adorables colocatrices, los interesantísimos couchsurfers y los siempre motivados chicos Erasmus me dejaron el mejor recuerdo de una capital que no suele perdonar a foráneos. ¿Por qué no decirlo? También me enamoré de París.

— Siempre viajas.
— Es que me queda poco tiempo.
— ¿Estás contento por regresar a Perú?
— Sí y no.
— ¿Estás triste por volver a Perú?
— No y sí.

El retorno

— ¿Y por cuánto tiempo te quedas en Lima?
— Vine para quedarme.

Es la pregunta más frecuente que deben hacerme mentalmente cuando me reencuentro con amigos en Lima o cuando me despedí de amigos en Francia. Es fácil responder aunque complejo explicar: fácil porque la razón fundamental está en este post anterior; complejo porque obviamente hay otros factores que también influyen en nuestras decisiones iniciales o finales. Y claro, si les cuento todas mis motivaciones ya no hay chiste.

Back to the future

— ¿Qué tal el regreso? ¿Te está chocando mucho?
— Me chocará dentro de algunos meses.

Podría decirse que el verano es la mejor época para regresar a Lima. Después de salir el aeropuerto, fui directamente a una pollería y pedí un Pisco Sour como bebida para acompañar. Dos salidas a la playa, en el sur de Lima, fueron vitales para pretender que Cassis o Saint-Tropez nunca existieron. Reencontrarme con familia y amigos ha sido realmente grato: reutilizar jergas, bromas, ironías, y contar anécdotas.

¿Y el blog?

Conversaba con una amiga blogger y ésta me preguntó sobre qué trataba mi blog. Le conté que inició siendo algo bien personal y variado y terminó dando consejos de cómo irse a Francia. El camino que seguirá el blog será una mezcla de ambos. No me apetece escribir tanto de política o música como lo hacía antes, ni tanto de viajes porque no encajo en ese perfil como lo expliqué al inicio. Lo he retomado y punto. Ustedes verán la evolución (¿o involución?) de este medio con los contenidos que se me ocurrirán poner. Escribiré en otros idiomas para mantener el cerebro trabajando múltiples ligas, eso sí. 

Ahora sí, siendo las 12:55 A.M., me retiro a dormir. 


domingo, 28 de abril de 2013

Solos ante el peligro (o los Culture Shocks)

Futurama Shock

Vivir en un lugar completamente diferente al lugar donde naciste supone vivir nuevas experiencias y sobretodo, nuevos retos. También supone una preparación previa o una predisposición a aceptar nuevas reglas de una sociedad que no se detiene por el hecho de tenerte en sus espacios. Esta relación entre el visitante y su nueva realidad puede resultar muy entretenida, con ciertos sabores a confusión en menor o mayor medida.

Comencé mis primeros trainings en Lima, principalmente porque quería llegar a Francia con un nivel de francés aceptable, no solamente para los parámetros de la Alianza Francesa. Y no fue tan complicado, me hice de pocos pero buenos amigos. De ellos obtuve no solamente información primaria sobre lugares para visitar, sino también algunas costumbres y maneras de pensar francesas.

Descubrí en Lima que ofrecer pagar la cuenta de un café o un sandwich a una chica europea era prácticamente una invitación a tener "algo más" (y no un simple acto de cortesía pagando algo que casi no cuesta nada), o que los cigarros en cajetilla son muy caros en Europa por lo que la gente prefiere comprar tabaco y hojas especiales para armar uno. Recuerdo cuando una amiga armó un cigarro en Pizza Hut y yo juré que se trataba de marihuana. Qué inocente soy a veces.

"Cuando llegues a Francia, no andes diciendo a todo el mundo que eres extranjero, la gente no está muy simpática en estos tiempos", me dijo otra amiga francesa. Era enero o febrero de 2012, épocas electorales en la tierra del baguette y el buen vino, con Sarkozy y Hollande como actores principales. Le dije a mi amiga que lo iba a tener en consideración. Luego me habló de la vida cara en París, y de que podía contar con ella para cualquier cosa que necesitara. Apuntado.

Al otro mundo real

Después de haber llegado a París y haberme trasladado a Aix-en-Provence, empezó mi immersión "en producción" (como se dice en el mundo informático). Apoyado esporádica pero eficientemente por mis amigos peruanos, recibí un overview complementario de cómo funciona Francia: ser siempre cortés (bonjour, bonne soirée, merci) y no esperar mucho de las personas (no porque sean malas, sino porque c'est la culture). Bajo esos dos principios me muevo, pero agregué uno más: ser solidario. Este último principio creo que ha tenido más cabida con otros extranjeros quienes tienen más problemas que los locales: ¿cómo pagar la mutual?¿dónde consigo el formulario para los reembolsos? ¿qué servicio de bajo costo en celulares es mejor? ¿cómo se llega a Carrefour? Oh sí, nunca olvidaré que me regalaron un vino por el simple hecho de prestar una bolsa de dormir (Ucrania rules!).

Ojo, una cosa es ser solidario y otra es ser "caballero". Este último se me ha vuelto un concepto demasiado difuso y a veces no sé cómo ciertos actos podrían ser calificados. La ayuda a una amiga para llevar una de las dos bolsas que carga después de salir del supermercado, las cuales deben pesar mucho, podría ser simplemente rechazada. Lo mismo puede ocurrir al ofrecer servir agua en el almuerzo cuando estás con tus colegas. "No, yo me sirvo", podría ser la frase que recibas de alguien en la mesa, donde no sabrías calificar esa respuesta como atorrantería pura o recurrir a la siguiente pregunta: c'est la culture?

Existen momentos en que uno no hace absolutamente nada y las personas son súper amables. Personas que te ofrecen un almuerzo en sus casas y un recorrido por su ciudad. ¿Más vino? ¿Más carne?  ¿Más queso? ¿Más ensalada? Personas que simplemente te conocen en una reunión y a la próxima semana te invitan a otra reunión. C'est gentil. Pero, atención aquí. Si se te ocurre rechazar una invitación francesa, por el motivo que fuese, olvídate a ser invitado de nuevo (los extranjeros sí te pueden invitar de nuevo). Creo no haber aceptado tres y suspendido una asistencia a última hora: nunca más me invitaron. Algo muy distinto a Perú, donde te pueden invitar muchas veces y nunca puedes ir (como algunos amigos míos bien flojos a quienes no mencionaré, je je).

Otro elemento crucial para la integración es el idioma, como lo mencioné en un post anterior. El francés es muy exigente con su idioma ("nos hemos esforzado tanto en aprenderlo que nos gusta que otros lo usen bien", me dijo la amiga del cigarrillo en Pizza Hut) y cuando un extranjero lo habla mal o comete faltas con algunas palabras, los francófonos más conservadores podrían poner el rostro como si estuvieran chupando limón. Y si un francés te responde en inglés, me atrevo a decir que se convierte en la rendición a todo tipo de comunicación más estrecha y amical. Désolé

Mi casa, tu casa

Ir de viaje por vacaciones y ser alojado en la casa de algún amigo es el examen más riguroso, creo yo, del encuentro de dos culturas distintas. Porque ya no solamente se trata de conversar con un amigo unos minutos, se trata de vivir con él y poner a prueba la tolerancia por horas consecutivas. En Lima, ya había recibido personas sin problemas, pero Europa tiene otras reglas, reglas que tú vas aprendiendo en el camino.

En París, por ejemplo, aprendí que la gente prefiere sentarse cara a cara en los metros cuando andan en parejas que sentarse uno al lado del otro como lo hacemos en Perú (o en Latinoamérica, tal vez), que en las discotecas bailar en pareja es quite weird, que los bricheros franceses son los buitres más jodidos del mundo (si vas solo a bailar con dos amigas, por simples matemáticas, un francés estará dispuesto a ¿apoyarte bailando? WTF), que tus inocentes y socialmente aceptadas (en Perú) ironías pueden caerles pesadas a algunas personas y que te mirarán raro si te quedas con el saco puesto dentro de una casa.

En Frankfurt, aprendí que si tu anfitrión te dice "siéntete libre de tomar lo que quieras" es que de verdad tienes la potestad de abrir la refrigeradora y servirte agua si tienes sed, algo realmente diferente en Perú donde estamos acostumbrados a servir al invitado hasta que diga "ahí nomás, gracias". Esto último no es bien visto por los europeos. "Esperas a que te sirva como si fuera tu madre", me dijo mi host. Auch.

Que siga el carnaval

Este post puede ser interpretado como un pliego de reclamos ante los látigos de una "cruel sociedad", lo cual se aleja mucho de ser verdad. Europa es un lindo continente con gente increíble. Nimes, Marsella, Bruselas, Colonia, Roma, París, Frankfurt, Bonn y otras ciudades lo han demostrado. Pero, vamos, los culture shocks son parte de la vida real de un extranjero y no pude aguantar la tentación de escribir sobre ellos. Después de 8 meses en Francia, puedo decir que me encanta mi ciudad mucho más. Aix-en-Provence tiene aspectos muy valorables: historia, diversidad cultural, excelente ubicación geográfica y no tengo que tomar taxis para regresar a mi habitación después de las soirées. Por último, es grato saber que cuando los amigos se marchan a sus provincias o países de origen, te ofrecen un lugar para pasar las vacaciones. Santé!

P.S.: También aprendí que el "Waka Waka" de Shakira es una canción apta para discotecas. Quién lo diría.